viernes, 26 de junio de 2009

APERTURA DE UNA MIGAJA


Habiendo sido despedidos de la Oficina de Cuidados y Mantenimiento de Monumentos Públicos, un puñado de media docena de hombres decidimos no abandonar nuestros cómodos puestos burocráticos y en son de protesta pusimos manos a la obra. La primera y la última estatua en la que decidimos trabajar, fue la que está ubicada en la “Esquina del Tango”, en la intersección de las calles Montecaseros y Beltrán. La figura de Aníbal “Pichuco” Troilo fue el destino al cual nos llevó la triste noticia que nos desayunamos esa mañana fresca y un poco lluviosa. Instalados en el sitio dispusimos un ligero y eficaz operativo para llevar a cabo nuestra labor. Mientras que un grupo de dos se ocupaba de recolectar el agua para los primeros baldazos, uno de nosotros entraba de lleno en el preparado de la pintura y los tres restantes definían no sin fácil consenso algunos tonos de los colores a utilizar. “Limpiale bien la jeta”, se chamuyaba a un lado de la imagen, “¿y quién te dijo que vos sos el trompa en este yugo?”, se respondía del otro. “Che, pasame un faso encendido”, se oía de vez en cuando. La empresa quedó terminada en unas cuatro horas aproximadamente. Un abarrotamiento de vecinos y curiosos pobló la esquina y nos sentimos felices con nuestra obra. Las opiniones encontradas entre la gente comenzaron a alentarnos para pensar en futuros monumentos. Gritos a favor de un lado, hicieron sentirnos héroes; del otro lado gritos en contra, hicieron también sentirnos héroes. Un hombre mayor comenzó a aplaudir ostentosamente, le restamos importancia porque sabemos que un aplauso es siempre el eco de alguna estupidez. “¡Araca la cana!”, finalmente se escuchó.

Cuando llegó la yuta, y vimos que no podíamos piantar, uno de los muchachos sacó rápidamente del asiento trasero de su automóvil la bandera nacional que orgullosamente los seis flameamos al unísono, mientras que de nuestros labios se desprendían los primeros versos de la “Marcha Patriótica”. Una chirusa me preguntó al pasar si de verdad “Pichuco” significa negrito en guaraní. Le respondí que eran puras macanas y le dije salute, mientras los cobanis nos informaban que por medio de un decreto de las altas esferas éramos reincorporados a nuestras lujosas oficinas con un inminente aumento salarial. Un niño se manchó los dedos de su manito izquierda porque estaba ansioso por tocar a Pichuco y la pintura aún se encontraba fresca.

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